Álvaro Benavides La Grecca
Federico es ingeniero de sistemas, tiene unos cuarenta años de edad, y dirige una de las unidades operativas clave de una empresa de telecomunicaciones. En un individuo bien preparado, trabajador incansable, mantiene cordiales y muy respetuosas relaciones con sus compañeros. Todos en la organización le tienen aprecio genuino.
Desde el momento mismo en el que entró en la empresa dio signos de su interés por el trabajo y por aprender. Al poco tiempo sus superiores comenzaron a decir “el hombre tiene potencial”, expresión que se usa en el argot íntimo de la organización para identificar desde temprano a los que se diferencian y pueden llegar a la cumbre.
Además de hacer su trabajo con la calidad y la pasión que se necesita para tener éxito profesional, Federico participa y promueve la realización de actividades no laborales con sus compañeros de trabajo y sus familiares: caminatas, fiestas, cursos, partidas de fútbol. Es un motivador natural y muchos le atribuyen dotes de líder.
Todo lo que Federico hace en su trabajo lo concibe y realiza con mucho gusto, con placer. Hay sin embargo algo que le produce malestar y rechazo: pararse a hacer presentaciones. Sólo su esposa y un amigo de confidencias están al tanto del grado de preocupación y angustias que le ocasiona la sola idea de enfrentarse a una audiencia.
Federico ha desarrollado una extraordinaria habilidad para evitar pararse a hacer presentaciones. Nadie en la empresa sospecha siquiera que padece tales sufrimientos. Con su equipo, selecciona los temas, establece las líneas estratégicas, produce los contenidos, escribe los mensajes, diseña los gráficos, trabaja las láminas.
De todo lo que hay que hacer para materializar una presentación, en suma, Federico hace toda la faena, menos la parte que nadie sabe que no le gusta, que tiene que ver con enfrentarse a la audiencia para exponerla. Siempre seduce a alguien de su grupo y lo convence con muy atractivos argumentos para que sea él quien realice esa tarea.
Desde su puesto en la audiencia apoya al presentador y agrega valor a la presentación. Pero no se para frente al público porque tiene terror de hacerlo. Esa ha sido la opción que en apariencia le ha resultado bien. Pero él mismo, su esposa y su amigo, saben que siente una enorme frustración que lo limita. Federico es un hábil escapista.






