Gustavo Luis Velásquez B.
La constante de los últimos 20 años en Venezuela ha sido la turbulencia. Turbulencia política, turbulencia económica y turbulencia social. No hay persona, familia, organización o empresa que no se haya visto afectada por esta turbulencia. Podríamos asegurar que ésta ha sido la crisis más larga y compleja por la que ha transitado Venezuela en su historia republicana.
En los últimos 10 años las industrias se han reducido en un 50%; ¿Qué implica todo esto para los industriales y empresarios venezolanos en términos del desarrollo y crecimiento del comercio y de la industria? Para muchos ha significado la desaparición, para otros una reducción drástica de sus niveles de crecimiento y desarrollo, pero para todos, y sin excepción de ningún tipo, incluida la administración pública, un considerable aumento de los costos, de la inflación, del empleo informal y por ende de la conflictividad laboral.
Ante este panorama de turbulencias tan complejas, son muchos los empresarios que se preguntan qué hacer ante todas estas dificultades, especialmente porque la mayoría, sigue adelante confiando en el país y están dispuestos a superar todas las dificultades, que no son parte sino de una larga crisis y a cuya solución apuestan en función del beneficio de todos.
La primera y más económica medida que debe tomar cualquier empresario, es aminorar las posibilidades de conflicto dentro de la empresa. Esto puede hacerlo por dos vías: 1. el diálogo permanente y la anticipación, y 2. la preparación profesional.
Nuestra experiencia en el manejo de conflictos, y especialmente laborales nos permite afirmar que en buena medida los conflictos se generan como producto de un mal manejo de los procesos de comunicación interna, que llevan a crear percepciones y creencias erróneas entre patronos y trabajadores.
Si bien todos negociamos a diario, por lo general lo hacemos de manera intuitiva; la experiencia nos dice que contar con un método de negociación compartido, como parte de la cultura organizacional y como mecanismo de relación formal con la representación sindical, disminuye drásticamente los niveles de conflictividad y aumenta la generación de valor de manera conjunta. Son muchas las empresas que han logrado romper paradigmas y sin complejos, entrenan a sus sindicatos para que negocien profesionalmente sobre bases objetivas y enfocados en sus verdaderos intereses y no desde posiciones de confrontación.






